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Mamás / Reflexión

Tus hijos no se van, la vida se los lleva…

Tus hijos no se van, la vida se los lleva…

Los hijos son el ejemplo de verdadero amor, si creías que lo dabas todo por alguien, al tener un pequeño el amor que sientes no se compara con nada ni nadie más. Todo cambia, tu vida se centra en algo más importante. Pero una vez que los hijos van creciendo poco a poco se van despegando de ti, y ese proceso puede ser doloroso.

Lo primero que deseas para tus hijos es que sean felices, que gocen de buena salud, que logren sus metas y que se conviertan en personas de bien. Pero todo eso lo puedes influenciar desde pequeños con su educación, con el buen trato, con el amor y el afecto. Te apegas tanto a tus hijos que temes por su seguridad cuando se empiezan a alejar de ti, por ello hay tantos padres sobreprotectores que no permiten que sus hijos estén ni un segundo sin supervisión.

Pero a ver, como padres hay que ser conscientes de cómo es la vida, de cómo es el crecimiento y la búsqueda de la independencia. A futuro los hijos empiezan a desarrollar gustos e intereses propios, se desarrollan en la profesión que más les gusta, y claro, también aspiran a formar su propia familia.

Así que no, los hijos no se van, simplemente la vida se los lleva.

A los hijos hay que criarlos sabiendo eso. Tenemos que fomentarlos y enseñarles a estar preparados para la vida, y no para que se queden siempre a tu lado. Lamentablemente, al crecer, los padres van dejando de ser el centro de los hijos, pero entre más crezcan y tengan madurez emocional serán las personas que más valoren en sus vidas porque los padres son pilares fundamentales.

Sin embargo, debes aceptar que los hijos vienen a tu vida para prepararse y planificar sus propias vidas. Pronto dejas de ser la autoridad que impone las reglas, dejas de dirigirlos y te toca aceptar sus decisiones. Ya no los mandas, solo los acompañas en la vida, no proyectas lo que te hace sentir su forma de vida o sus decisiones, aprendes a respetarlos sin importar qué. Pronto, los hijos necesitan otro tipo de amor, necesitan construir un nuevo nido y desean volar.

Empiezan a echar sus propias raíces y maduran por dentro. Pero sus raíces son tantas que tu maceta no es suficiente para albergarlas, ya no basta tu abono para nutrirse ni tu agua para saciarse, ellos necesitar crear sus propias estrategias de protección para vivir. Anhelan crecer en otra dimensión y desarrollan una personalidad que puede o no parecerse a la de sus padres; de igual forma, tienen otras metas.

Ellos mismos aprenden a enfrentar las tormentas que pueden formarse en la vida, comprenden tras su propia experiencia el lado sombrío del amor, crecen, y van rindiendo mejor en sus facultades y habilidades. Emprenden un nuevo camino por explorar, y lo importante es que los hayas preparado para ir enfrentando las realidades de la vida y que tengan las alas abiertas para que puedan volar sin miedo.

Por supuesto, tú como padre o madre, quedas dentro de ellos, estás en los cimientos de su persona, de la construcción nueva de su vida. Eres parte de sus raíces, estás en la corteza de su estructura y en lo profundo de su corazón. Pero te quedas atrás, en la estela luminosa que deja ese barco al partir. Quedas en el beso que le das, en el pañuelo con el que los despides y la oración que recitas para que los proteja. En las lágrimas de nostalgia, tú siempre estarás en su interior, aunque te vayas lejos, aunque ellos se vayan lejos.

Tienes que hacer la vida de tus hijos lo suficientemente feliz para que cuando partan siempre tengan en mente regresar, porque a pesar de su independencia, los padres son fundamentales para su felicidad.


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1 Comment

  1. Excelente articulo y una realidad, que como padres siempre lo sabemos pero nos cuesta mucho aceptarlo.
    saludos.

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